Cine: Detachment (2011)

Si Charlize Theron en Young Adult estaba en su mejor papel tras Monster, hoy le toca a Adrien Brody. El oscarizado por El Pianista nos muestra su mejor papel desde la peli de Polanski en Detachment, la nueva de Tony Kaye, culpable de la estupenda y durísima American History X.

La principal pega de Detachment, en inglés ‘distanciamiento, indiferencia’, es que la clasifiquemos o la resumamos como una peli más de un profesor en un instituto conflictivo. Es como decir que El Principito va sobre un niño atrapado en un planeta pequeño. Es eso, por supuesto, pero es mucho, pero mucho más.

Utilizando una estética pseudo documental, con declaraciones a cámara y realización de apariencia amateur, y con un Adrien Brody como soberbio protagonista, Tony Kaye nos presenta el dramático y crudo mosaico que forman alumnos y profesores de un instituto neoyorquino. Pone en evidencia la desastrosa relación que a veces encontramos entre profesor-alumno; la carencia de valores; el nulo respeto entre ambas partes; la falta de motivación y agradecimiento, y cierta deshumanización del proceso enseñanza-aprendizaje.

Reconozco mi admiración por Brody, aparte de por el besazo a Halle Berry y haber sido pareja de Elsa Pataky, por su entrega como actor en papeles como éste. Borda el personaje de profesor atormentado que tiene que lidiar con paciencia y filosofía un pasado que le persigue, lo vemos en forma de flashbacks vintage, un presente que se debate entre un abuelo moribundo y un trabajo dramático, y un futuro incierto.

Junto a él encontramos una colección de secundarios de lujo como la también oscarizada Marcia Gay Harden, James Caan, Christina Hendricks, Lucy Liu, William Petersen o la destacable Sami Gayle en el papel de la prostituta adolescente.

A pesar de que el contexto sea la educación, la cantidad de subtemas que lanza Detachment nos hace generalizar nuestras reflexiones. La crisis existencial de los personajes, el valorar si el esfuerzo vale la pena, si la vida nos recompensa nuestros buenos actos o la idea de que todo siempre puede ser peor.

En resumen, Detachment es una película increíblemente dura, cruel, ya no sólo por algunas de sus imágenes y situaciones contadas, sino porque en ningún momento tienes la sensación de que caiga en la exageración o dudemos que eso suceda en la vida real. A pesar de ello se agradece el chute de realidad, lo necesitamos para poner los pies en el suelo y tomar conciencia de cosas que se nos escapan de nuestro zapeo vital o simplemente para recordarnos de que después de la tormenta…

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